Han pasado varios meses desde que se publicó oficialmente El Libro Negro del Programador después de año y medio trabajando en este proyecto. Desde entonces he recibido muchos comentarios, la mayoría afortunadamente positivos (algunos también no tan positivos); en general, todo me hace pensar que los desarrolladores de software nos quejamos casi siempre por las mismas razones independientemente de dónde realicemos nuestra actividad (Chile, Venezuela, Brasil, España, USA, etc.) y que la manera de entender el desarrollo de software desde el mundo corporativo viene a ser muy similar en casi cualquier parte. Cuanto más grande sea la empresa y su nombre se parezca más a "Consultoría de servicios IT", más se pierde el carácter de artesanía (craftmanship) en el trabajo que se realiza, lamentablemente.

En cualquier proyecto siempre se aprende algo, en ocasiones muchísimo, todo depende de la actitud que afrontemos durante el mismo. Incluso si repetimos el mismo tipo de proyecto, siempre podemos encontrar mejores formas de hacer las cosas, por tanto, el que sepamos aprender y mejorar más o menos depende directamente de nuestra actitud.

Sólo mejoramos si tenemos una motivación interna para ello, nadie, ni nuestro jefe, ni nuestros compañeros, ni nuestra empresa, etc. nos va a hacer mejorar profesionalmente si antes no tenemos esa predisposición. 

Creo que el mejor valor que podemos aportar a nuestra organización es el de mantener siempre una actitud de aprendizaje y adaptacíon continuos y esto se debería apreciar y tener en cuenta en los departamentos de recursos humanos.

Mientras le daba forma al libro fui poniendo por escrito muchas gemas de sabiduría que quería compartir; al mismo tiempo, se asentaban en mí ciertas ideas al tiempo que profundizaba en otras. Escribir un libro es ya en sí mismo toda una lección de humildad y cada capítulo te pone a prueba.

Siempre intenté mantener una actitud activa y de escucha cuando publicaba el adelanto de cada capítulo en la web. Nada peor que pensar que uno tiene la última palabra y la razón absoluta, esta actitud un poco egoica (que no egoísta), actúa como un bloqueo que nos impide descubrir nuevas posibilidades pero sobre todo, nos impide darnos cuenta de nuestros propios errores. Los comentarios de ánimo por el trabajo, sobre erratas y también a veces las críticas anónimas mordaces, me hicieron mejorar mucho el contenido y calidad de la mayoría de los capítulos del libro.

Del mismo modo, uno descubre pronto que hablar sobre ciertos temas como aquel que trata el capítulo titulado Cuando el gestor del proyecto es su mayor enemigo, puede causar cierta incomodidad e incluso incompresión por parte de antiguos conocidos, por lo que se aprende muy rápido eso de que no podemos agradar a todo el mundo (gran lección, por si aún no la conocías). Si precisamente el libro propone mejorar ciertos aspectos negativos y recurrentes de nuestra profesión, obviamente ¡tengo que señalarlos para indicar el remedio!, y que conste que soy el primero en haber cometido casi todos los errores típicos que se mencionan en el libro, de modo que soy un ejemplo fantástico y de primer orden...

En ocasiones el hecho de no hacer incomodar a ciertas personas supone un freno para poner en marcha proyectos, mejorar el funcionamiento del departamento en el que trabajamos, etc. Irónicamente también a veces esas personas que suponen un obstáculo ni siquiera nos caen bien... Lección: ignorar que parte de tu trabajo pueda sentar mal o remover malos sentimientos entre ciertos individuos. Afortunadamente, esto es algo muy puntual.

No es lo mismo pensar que sabes algo y que tienes cierta idea sobre algunos temas que intentar ponerlos por escrito para transmitíselo a otros de una manera clara, sencilla y atractiva; son dos ámbitos de pensamiento completamente distintos, de modo que si realmente queremos alcanzar la maestría en algo, nada mejor que dedicar parte de nuestro tiempo a enseñarlo.

Escribir un libro sobre cualquier tema te obliga a poner en cuestión todo aquello en lo que creías, por la sencilla razón de que lo tienes que justificar y argumentar. Del mismo modo tienes que ganarte credibilidad desde la primera línea, indicando referencias, experiencia, no incurriendo en contradicciones y manteniendo siempre una línea coherente con todo. Nada peor que esos libros de desarrollo de software sobre la tecnología X en los que se intuye que el autor ha realizado más bien pocos proyectos con esa misma tecnología.

De aquí la siguiente lección: si quieres escribir con credibilidad sobre algo para ganar cierta atención, tienes que tener autoridad demostrable en la materia y ser lo más experto posible en ello. Cuanto más experto seas, más atención y seguidores obtendrás. No sólo es bueno sino buenísimo que tengamos nuestro propio blog donde de vez en cuando vamos publicando tutoriales, articulillos, etc. sobre los temas que más nos interesan. Es más, debería ser una práctica habitual y casi obligada entre los empleados de las empresas para mantener siempre un espíritu de progreso en aquello en lo que estamos trabajando.

Escribir sobre algo en un proyecto de más de un año require de mucha disciplina (de muchísima tenacidad) y de aguantar periodos en los que el resto de tus actividades te mantienen exhausto y otros en los que sientes un bloqueo absoluto para avanzar el desarrollo de ciertos temas. Si eres incapaz de mantener cierta rutina para una tarea de duración larga, olvídate ya de intentar escribir un libro.

El Libro Negro del Programador es un proyecto que se ha gestado de noche (a partir de la hora en la que mis dos hijas están ya en la cama...), en fines de semana con huecos suficientes como para poder concentrarme en un tema más de dos horas seguidas y, por supuesto, en vacaciones, quitándole tiempo a tu familia y resto de actividades que realizas fuera de tu trabajo full-time. Por esta razón digo que más que trabajo duro se require de disciplina, el saber aguantar mes a mes aún viendo cómo llevas bloqueado en cierto tema algún tiempo. 

Otra cuestión bien distinta es considerar si merece la pena este sobresfuerzo y esto sí que tiene muchas caras y ángulos distintos.

También es una cuestión de metodología: cualquier trabajo que hagamos, sea del tipo que sea, si nos paramos un momento, damos un paso atrás y lo intentamos planificar y ordenar aunque sea mínimamente, entonces obtendremos mejores resultados y lo haremos en menos tiempo; la productividad es eso, ni más ni menos. 

En el caso del libro me planteé una metodolodía de escritura y revisión de cada capítulo más o menos así:

  • Planteamiento de las ideas generales del capítulo.
  • Desarrollo del primer borrador.
  • Revisión a fondo del borrador.
  • Publicación parcial en la web como adelanto.
  • Digestión y análisis de los comentarios (curiosamente muchos me llegaban por correo a través del formulario de contacto y no directamente como comentarios en la web).
  • Desarrollo de un segundo borrador.
  • Revisión de nuevo y etiquetado como finalizado.
  • Enésima lectura y si algo no seguía quedando a mi gusto, de nuevo a revisar.

Desde el primero punto hasta el último podían pasar varias semanas, de modo que era habitual que fuera superponiendo el trabajar en varios capítulos al mismo tiempo. De este modo, la lección sobre este punto a mí me parece muy importante: si pretendemos trabajar en un proyecto al que no nos dedicamos al 100% y que se va a alargar mucho en el tiempo, necesariamente tenemos que organizarlo de alguna forma, planteando cómo y qué pasos dar en cada momento (esto es, hay que trabajar con algún tipo de planificación y metodología).

Inicialmente hice un esquema básico de los temas en los que quería trabajar, rescatando muchos escritos personales que llevaba varios años realizando; después de hacer una lista de unos cincuenta temas que quería desarrollar, muchos de ellos fueron finalmente cubiertos en varios capítulos, otros fueron descartados y otros, a pesar de haber escrito sobre ellos, fueron capítulos que bien por extensión, bien por no alcanzar la calidad mínima que yo mismo me exigía o bien por coherencia con el resto del libro, no fueron incluidos en el trabajo final. 

Otra lección para mí muy importante: saber desprenderse de aquello en lo que uno ha trabajado, aunque se hayan dedicado muchas horas en ello. Esto me recuerda al enorme esfuerzo que nos cuesta a veces eliminar parte de una solución software que se ha quedado obsoleta, que nunca se ejecuta o bien que queremos sobrescribir por haber encontrado una forma mejor de resolver un problema.

Para cualquier proyecto personal es importante plantearse una fecha máxima de realización. Establecer una fecha no tiene ningún sentido si no nos comprometemos con ella. Este compromiso con uno mismo actúa como resorte que te obligará a sacar fuerzas en los momentos bajos y te hará pisar el acelerador cuando se acerca el mes en el que te habías propuesto terminar el trabajo. Nada peor que decepcionarse a uno mismo, aunque suene raro.

Nuestra autostima está relacionada con la fuerza de nuestros compromisos cumplidos, y es que, como defiendo en ocasiones en el libro, la base de hacer un proyecto software con la máxima calidad está en esa adicción personal de perfeccionismo por hacer las cosas bien. Escribir software no es sólo una cuestión técnica.

Aunque llevo años escribiendo a nivel personal sobre muchos temas, nunca había llegado hasta el momento de tener un trabajo estructurado y listo para ser editado en forma de libro completo; ese fue uno de mis errores, el dejar el trabajo de edición para el final. Habría sido mucho más eficiente y me habría ahorrado muchas horas de trabajo si los problemas de edición los hubiese ido resolviendo durante el desarrollo del libro. No conté con un editor profesional aunque sí me ayudó a revisar poco a poco los capítulos un buen amigo gallego que veía erratas por todos sitios, al que le estoy muy agradecido (le regalé una copia del libro cuando se publicó y aún le debo muchas cervezas).

Otra gran lección: comparte tu trabajo lo más que puedas y acepta todas las críticas, sean acertadas o no, te gusten o no, esto mejora la calidad del trabajo en varios niveles. Me pregunto por qué nos tomamos tan mal que critiquen lo que hacemos, deberíamos aprender a ver que detrás de algunas críticas se esconde un mejora que nos beneficia. Otra cosa es esa locura de criticar por sí mismo...

Editar un libro no es sólo corregir errores gramaticales y ortográficos, también saber darle una forma coherente a la estructuración de los temas y los capítulos, que es más difícil todavía. El lector tiene que avanzar por los capítulos como si fuese subiendo una escalera, sin volver atrás y sin que falte ningún peldaño hasta llegar a la cima. Dediqué muchísimo tiempo a esto cuando ya di todos los capítulos por cerrados; ahora pienso que habría sido más efectivo haber hecho este trabajo durante el año y pico que dediqué a escribir los capítulos.

A nivel técnico, descubrí demasiado tarde que formatear el contenido del libro usando Word fue una decisión no mala, sino malísima, desastrosa, a pesar de haber leído sugerencias al respecto en numerosos blogs. Incluso siendo la última versión de esa herramienta, sufrí algunos cierres catastróficos que me hicieron perder algunas secciones.

Por este error tuve que dedicar muchísimo tiempo a formatear todo el contenido del libro con la maravillosa herramienta Sigil para generar el libro en formato epub con la suficiente calidad. De ahí habría podido generar directamene el pdf necesario para subirlo y validarlo a Create Space con las especificaciones necesarias que te indica esa plataforma. Si quieres publicar en epub / mobi y también necesitas el pdf (que es el formato habitual que te piden en todas la plataformas de autopublicación), mi recomendación para hacer este trabajo de manera ordenada, después de haber trabajado tanto en El Libro Negro del Programador, es seguir un flujo de trabajo más o menos así:

  • Escribir los capítulos en modo raw (a lo bruto, sin preocuparte por el formato), usando cualquier herramienta. Lo importante es no dejar ideas sin desarrollar, ya habrá tiempo después de revisar el contenido y mejorarlo multitud de veces.
  • Dejar ratos de trabajo para ir pasando capítulos ya completados y revisados a una herramienta como Sigil, dedicando tiempo a establecer el correcto formato que hayas decidido siguiendo las recomendaciones de la plataforma de publicación.
  • Una vez finalizado todo, obtener el pdf con PDFCreator, por ejemplo.

Sencillo y al mismo tiempo eficiente. En cuanto al formato no hay que reinventar la rueda, hay que ceñirse al que te proponga como mejores prácticas la plataforma en la que vayas a publicar o bien el editor si es que trabajas con una editorial tradicional.

Una lección al respecto es dedicar tiempos separados a escribir para poner en claro tus ideas y otro tiempo distinto para trabajar en la edición y el formato del contenido. Si lo intentas hacer todo al mismo tiempo perderás riqueza en el trabajo que escribes y las ideas que intentas transmitir. Es decir, si estás por ejemplo escribiendo sobre qué es el refactoring de código, olvidate en ese momento del indentado, de las cursivas, de la separación entre párrafos, etc. Deja ese trabajo para otro momento.

En cuanto a la publicación, estuve un tiempo dudando si intentar buscar un empresa editorial de esas de toda la vida, pero pronto me desanimé al ver y leer en multitud de blogs casi siempre los mismos argumentos en contra:

  • Tiempos de respuesta enormes, incluso de más de un año.
  • Con la poca tradición de publicaciones técnicas de software que hay (al menos en España), no encontré en mi país una editorial que yo pensara que pudiera estar interesada en publicar un libro tan ecléctico como El Libro Negro del Programador. Hay editoriales, sí, pero suelen publicar traducciones anglosajonas. Lo mismo me equivoco y sí hubiera suscitado cierto interés en alguna editorial, quién sabe.
  • Royalties leoninos. Algunas editoriales incluso te cobran por el servicio de revisión de tu propio libro tanto si te lo publican como si no...
  • y, por supuesto, estamos en el siglo XXI y aunque a veces sea una empresa polémica, adoro Amazon...

Descubrí que Amazon había adquirido hacía tiempo una compañía de autopublicación denominada Create Space. Cuando vi las herramientas de revisión de la obra que ponían a tu disposición, las condiciones, los tipos de regalías (mucho mejores) y los precios mínimos finales del libro, la conexión con la publicación en Kindle, entonces ya no tuve ninguna duda. Desde ese momento tuve claro en qué plataforma y cómo publicaría tanto en papel como en formato electrónico.

Un condicionante que me terminó convenciendo es que en otra plataforma muy popular española con la que probé, el precio final de venta del libro en papel eran de un mínimo de 18€, mientras que en Create Space lo podía poner a su precio actual (10€), lo cual me parecía mas que razonable para un trabajo personal y para que pudiera estar al alcance de cualquiera.

Ninguna plataforma de autopublicación es perfecta, digamos que la combinación Amazon KDP + Create Space me pareció la mejor para la naturaleza del trabajo que tenía entre manos. Eso sí, tienes que tener bastante experiencia usando herramientas web, si sólo sabes navegar en un ordenador, entonces mi consejo es que contrates a alguien que te haga ese trabajo de publicación.

Al igual que defiendo en uno de los capítulos del libro, un cliente debe percibir que lo que le entregas es bueno, de modo que no sólo tiene que serlo, también parecerlo, así que no dudé en contratar a un buen diseñador que conozco para que me propusiera la portada, la contraportada y dibujos interiores. Después de algunas pruebas me quedé encantado con la portada del libro que, en mi opinión, recoge e insinúa maravillosamente su contenido, un poco en clave para desarrolladores de software.

Como lección, olvídate de hacerlo todo tú mismo, salvo que seas bueno como diseñador, es mucho mejor contratar a alguien profesional que te va a hacer un trabajo mucho mejor, del mismo modo puedes contar con un editor profesional que revise a fondo tu texto.

Antes de dar la publicación como ready-to-print, ordené dos pruebas en papel. 

La sensación que se tiene cuando te llega la primera copia de tu libro con tu nombre impreso en él no es genial, sino maravillosa y emocionante, ves por fin materializado en algo físico tanto esfuerzo.

Cuando me llegó la primera prueba aprendí otra gran lección: descubrí que el leer en papel te hace notar más pequeños defectos gramaticales y pequeños detalles de expresión, al menos a mí me pasa, será que leyendo en pantalla uno lee como más rápido y menos centrado en el texto, no lo sé, la verdad, pero la cuestión es que a pesar de haber dado ya por cerrado el libro, la revisión de la primera prueba impresa me hizo descubrir muchos defectos o aspectos que para mí no quedaban bien. De ese modo tuve que retrasar la publicación algunas semanas más hasta volver a leer todo el texto hasta dos veces, corregir, volver a subir y volver a solicitar otra prueba en papel y todo eso robándole tiempo al sueño, con citas muy importantes en el trabajo, etc. En la segunda prueba impresa, otra lectura intensa y pormenorizada ya me dejó tranquilo y por fin llegó el momento de hacer click en el botón de publicación de Create Space. 

Y cómo no, a los dos días ya podías buscar el título del libro en cualquier portal de Amazon y ahí salía el libro con su sinopsis, el precio correcto, etc.

Personalmente, lo mejor de un proyecto así no es ver tu nombre en una publicación que suscita cierto interés entre compañeros de profesión, sino el haber sido capaz de mantener un proyecto personal vivo durante año y medio, haber tenido la tenacidad suficiente para darle forma y finalmente publicarlo con bastante calidad. La mayoría de proyectos emprendedores fallan por falta de tenacidad.

Algunos pueden pensar que escribir un libro te puede aportar cierta riqueza a tu currículum; no queda mal eso de "autor de...", aunque suene un poco infantil. Si esa es tu motivación principal para escribir o escribes como mercenario sólo por obtener una recompensa económica, entonces el libro adolecerá de falta de pasión y de interés suficiente para enganchar a los lectores. Sólo se puede escribir bien sobre algo si los temas que tratas te interesan muchísimo. 

Actualmente el nivel creciente de ventas de El Libro Negro del Programador me hace pensar que el libro interesa y mucho, al tiempo que realmente está aportando valor a los desarrolladores que lo adquieren.

Igualmente he visto enriquecido enormemente mi actual trabajo a tiempo completo en Telecontrol STM al implantar y poner en marcha todas aquellas metodologías y propuestas que nos permiten hacer un trabajo con la mejor calidad posible y, sobre todo, trabajar productivamente.

Yo siempre digo que lo que más enriquece tu trabajo diario para una compañía son tus propios proyectos personales ya que son la oportunidad de indagar caminos cuya riqueza al final terminas incorporando a tu día a día, beneficiándote tú y la compañía para la que trabajas. Algunas empresas bien conocidas hacen esto mismo permitiendo a sus empleados que dentro del horario laboral dediquen algún tiempo a proyectos e ideas personales, sabiendo que además de motivar y estimular a sus empleados, pueden salir ideas de negocio importantes. 

¿Recomendaría a otros escribir algún tipo de libro?

De ningún modo, sólo recomiendo que seamos capaces de detectar aquello que nos gusta y apasiona, de descubrir dónde está nuestro talento en aquellas cosas que cuando las hacemos el tiempo no existe, tanto si es escribir un libro, cultivar un jardín zen (que todavía no sé lo que es) o hacer grafitties en la pared del vecino. La cuadratura del círculo es además poder vivir de eso mismo para lo que tienes un talento especial.

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Segunda Edición - 2017

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