"...no vaya a ser que cambie tu modo de pensar". Leí una vez en un libro de esos de desarrollo personal.

Comienza el año y después de tanto Rosco de Reyes (dulce típico en España y que pone fin a las navidades), te das cuenta de que ya es enero, vuelves al trabajo y esa enorme lista de propósitos y proyectos que alegremente hacías en diciembre, ahora la tienes delante y es hora de empezar a hacer cosas.

O sea, lo de siempre, comienza el camino para que al final del año, si nos seguimos acordando de esa lista, nos demos cuenta de que no hemos conseguido ni la mitad de la mitad. Es más, yo creo que esas promesas de mejora para el nuevo año entrante son más bien un tirar hacia delante y una excusa para justificar lo difícil que nos resulta actuar y hacer lo que debemos y queremos hacer. ¿O no?

Vale, sí, yo soy el primero que uso esas listas, las uso desde hace mucho con mayor o menor éxito. Uno de mis propósitos para este año se seguir leyendo más y mejores libros de todos los temas que me interesan, muchos de ellos de tecnología, otros de desarrollo personal, etc. 

¿Es que puede ser de otro modo? ¿Puede existir cualquier negocio o profesión que no avance sin seguir aprendiendo? Todo evoluciona, si no lo hacemos al mismo ritmo que todo lo demás, podemos terminar intentando vender algo a clientes de un mercado que desapareció o se transformó hace mucho.

Discrepo cuando oigo hablar de que estamos en la sociedad del conocimiento; puede que sí, que la economía sea cada vez más del conocimiento, pero las personas, en general, estamos lejos de darnos cuenta del impacto que esto supone en nuestra forma de aprender y evolucionar profesionalmente. Si los negocios cambian, lógicamente sus profesionales también. 

Es verdad que ahora disponemos de enormes recursos de aprendizaje a un coste ridículo en forma de blogs, webinars, podcasts, seminarios, videocursos, maravillosos libros en Kindle o de Google Play desde 0.99€ y que leemos desde el móvil; puede que ahora tendamos a leer más que antes y que leamos y nos informamos de otro modo. Pero paradójicamente, acumulamos tal cantidad de información que comienza a ser un problema esa misma sobreinformación porque somos incapaces de extraer conocimiento de todo ello. La hiperinformación (y la adicción a ella) comienza a considerarse algo patológico.

Lo importante no es llenar la cabeza de datos, sino saber qué hacer con ellos, a no ser que tengas complejo de loro y te guste repetir la información que lees, claro.

O sea, que no es lo mismo, en mi opinión, leerte todos los feeds de tu agregador cada día o cada dos horas, que empaparte un sesudo libro de Jeremy Rifkin analizando un tema en concreto en profundidad. Sin embargo, para la mayoría de la gente estar más informado es hacer justamente lo primero, y sólo lo primero.

No puedes avanzar en ningún tema si no lees en profundidad sobre él, y para ello hace falta la organización estructurada de un buen libro que analice el contexto, el planteamiento, las diversas experiencias sobre ese campo y que incluso se atreva a realizar algún tipo de prospección al respecto. El libro no ha muerto, de ningún modo, puede estar en la unidad de cuidados intensivos el formato papel, pero lo que es estructurar el conocimiento en forma de libro, eso va a pervivir, espero, muchísimos años. El saltar de titular en titular es para mí frivolizar y no llegar a nada.

En software ocurre exactamente lo mismo. No es igual aprender una nueva tecnología leyendo tutoriales por aquí y por allá que sólo tocan la punta del iceberg; puede servir para jugar un poco, para resolver problemas puntuales cuando ya conoces bien esa tecnología, yo lo hago muchísimo y lo voy a seguir haciendo, claro; también hay posts y tutoriales extraordinariamente buenos.

No obstante, si quieres realmente profundizar en esa tecnología, coge un buen libro y empápatelo de arriba abajo; es más, recomiendo no usar sólo un libro de referencia para ello, sino varios, ya que rara vez un único libro cubre todo lo relevante (por mucho que en el título ponga "La biblia de...").

Yo, al menos, eso es lo que hago cada vez que siento la necesidad de llegar al fondo de algo: quizá husmeo un poco por aquí y por allá en blogs de gente que sepa más que yo sobre ese tema en particular, pero siempre buscando una buena referencia bibliográfica con la que comenzar. Después asedio mi cabeza durante el tiempo que sea necesario con información sobre ese tema, libros incluídos, hasta que me siento suficientemente maduro como para seguir adelante. No es saber por saber, es aprender para hacer algo con todo ello.

Con un primer libro vas a conocer globalmente esa tecnología y seguro que encontrarás multitud de referencias para avanzar por caminos paralelos llegado el caso.

No se puede aprender seriamente algo únicamente picoteando en tutoriales de quinientas palabras; lo siento, pero no funciona así, el libro sigue siendo necesario porque te da esa visión global tan necesaria para saber usar bien lo que sea que necesitas aprender. Para mí, en un libro el autor te viene más o menos a decir "hey!, he trabajado mucho este tema y todo esto que te cuento aquí es mi experiencia sobre ello".

Así que esta es la paradoja: creemos que vivimos en una sociedad de la información cuando en realidad lo que queremos decir es que ahora estamos sobreinformados de muchas cosas pero seguimos con la misma falta de conocimiento que hace veinte años, y eso ocurre en todo, en tecnología, gestión de negocios, marketing, etc. Tenemos a nuestra disposición el conocimiento de forma inmediata y a coste muy pequeño, sin embargo el ciudadano medio, por lo general, no lo usa y se queda sólo en los titulares. Es una pena.

Por favor, ¡escribidme para decirme que estoy equivocado!

Acabo de comenzar el año con dos autoregalos, dos libros que prometen muchísimo.

La nueva fórmula del trabajoEl mundo que viene

Uno de ellos es el libro de Lazlo Bock sobre cómo están cambiando en algunas compañías la forma de organización del trabajo. El otro se llama El Mundo que Viene, de Juan Martínez-Barea, en donde se habla sobre cómo la meritocracia será un valor fundamental en el futuro (vaya, por fin).

No podemos progresar en un mundo que cambia continuamente sabiendo lo mismo que sabemos hasta ahora.

Lo siento, hay leer, pero incluso leyendo mucho te puedes encontrar abrumado y sin llegar a un conocimiento apropiado de nada e insuficiente para actuar y conseguir nuevos resultados, de ahí que leer libros bien estructurados y con la suficiente profundidad sea imprescindible, nada que ver con la inmediatez de los titulares de blogs de tecnología a la que somos tan aficionados (yo el primero, eh!), que son necesarios, claro, pero no suficientes para profundizar en nada.

El libro no está muerto, de ningún modo, el que sí lo está es quien piensa que va a obtener mejores resultados sin aprender nada nuevo.

Joer, qué serio me ha quedado esto.

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